Como parte de su contraofensiva contra Israel y Estados Unidos, Irán lanzó una serie de ataques que impactaron en Tel Aviv, Dubái y otras ciudades de países cercanos. El nivel de tensión escaló rápidamente en los Emiratos Árabes luego de que, en el Aeropuerto Internacional de Dubái, un dron derribara el techo de la sala de espera, un ataque que habría dejado al menos cuatro trabajadores heridos y obligó a suspender toda la actividad aeronáutica.
En medio de este escenario de guerra, lo que parecía ser una jornada laboral más se transformó de un segundo a otro en una escena de terror. "En las noticias y en el cielo van sonando como 500 ataques; han mandado drones, misiles y de todo. Es increíble porque Dubái no estaba en los planes, eran solamente las bases de Estados Unidos en Abu Dabi las que iban a atacar, pero acá cayeron cosas de todo tipo", relató Bárbara Pinello Imbert, una joven tucumana radicada en el emirato.
El momento en que Bárbara dimensionó el peligro real no fue a través de los portales informativos, sino por la desesperación de los turistas. Ocurrió mientras trabajaba como mesera en un local gastronómico de carne argentina. "Se levantó corriendo una familia de Inglaterra, muy asustados, casi llorando, diciendo que iban a atacar. Nosotros en el restaurante ni enterados", recordó. Al ver las imágenes que los clientes les mostraron en sus teléfonos, el impacto fue inmediato: "Me dio muchísimo miedo, me dio un bajón de tristeza y empecé a decir 'me quiero ir a mi casa'".
La vida cotidiana en la lujosa ciudad debió adaptarse rápidamente a los protocolos de guerra. La tucumana explicó que las autoridades emiten alertas de emergencia que suenan con extrema potencia en los celulares para advertir sobre el impacto inminente de un misil o su intercepción en el aire. "La primera vez yo no sabía que era para eso, la apagué y seguí durmiendo normal, en el piso 30 encima. Después me dijeron que es para que la gente corra al estacionamiento y se refugie", admitió en declaraciones a "Buen Día".
Pese a la tensión constante, Bárbara destacó que gran parte de la población confía en el sistema tecnológico de defensa local. "Hoy justamente sonó una explosión re fuerte arriba de lo que es el departamento. Hay gente que se lo toma con calma, como en el covid, y gente que confía mucho en la seguridad de Dubái", graficó.
El aeropuerto dañado
A más de 13.000 kilómetros de distancia, la preocupación de sus seres queridos en la provincia es constante y el pedido fue claro: regresar apenas sea posible. Sin embargo, tras el impacto del dron en la terminal aérea, la vía de escape está clausurada. "El aeropuerto está cerradísimo; le cayó algo, no sé exactamente si un dron, pero está roto y ya de por sí estaban cerrados todos los vuelos", precisó.
Ante este panorama logístico, la joven optó por la cautela antes que sumarse a las aglomeraciones. "Sí me gustaría volver, pero no tan pronto porque la gente se abalanza. El día que pasó esto el aeropuerto ya estaba llenísimo de gente. No sé si valdría la pena tanto estrés para luchar por uno de los primeros vuelos, creo que esperaría a que se calme un poquito más todo", analizó.
Para llevar tranquilidad a sus afectos, Bárbara aseguró que, tras tres días de máxima alerta, las condiciones de supervivencia básica están garantizadas. "Todavía no ha pasado a mayores como para que cierren todos los supermercados. Todavía tengo comida, luz, internet y gas", enumeró.
Lejos de paralizarse, la tucumana confirmó que su rutina debe continuar, siempre bajo la atenta mirada de las alertas. "Hoy tenía día libre, pero mañana me reincorporo al trabajo en un día normal. Eso sí, si suenan cosas fuertes tenemos que ir directamente a un sótano o a los estacionamientos", concluyó.